España firmó en La Haya el compromiso del 5% del PIB en defensa. Ese mismo día, Sánchez dijo que gastaría el 2,1%. Mientras, 31.793 millones se adjudicaron a dedo en un solo año. El debate del porcentaje oculta la verdadera pregunta: adónde va el dinero.
España firma el 5% y promete el 2,1%. En la misma jornada.
El 25 de junio de 2025, en la cumbre de La Haya, los 32 países miembros de la OTAN firmaron un acuerdo histórico: elevar el gasto en defensa al 5% del PIB para 2035. La estructura pactada divide ese 5% en dos bloques: un 3,5% para capacidades militares y un 1,5% para ciberseguridad, infraestructura crítica y resiliencia civil.
Pedro Sánchez firmó el documento. Y acto seguido, en la rueda de prensa posterior, afirmó que España gastaría el 2,1%. «Ni más, ni menos.» Calificó el 5% de «desproporcionado e innecesario» y aseguró que los técnicos del Ejército calculan que con el 2,1% se cumplen los compromisos.
No es una interpretación creativa. Es una contradicción en la misma jornada: firmar un compromiso vinculante por la mañana y desmentirlo por la tarde.
Quién gana con el gasto en defensa que ya hay.
Antes de debatir si España debería gastar más o menos, conviene mirar adónde va el dinero que ya se gasta. En 2025, el Ministerio de Defensa adjudicó 31.793 millones de euros en contratos militares: 8 veces más que en 2024 y más que el acumulado de los 7 años anteriores. Y la concentración es notable: dos empresas acaparan el 70,8% del total.
Airbus · 25,5% del total
8.108 millones de euros. Lidera el ranking de adjudicaciones, con contratos como el sistema de entrenamiento ITS-C por 2.600 millones.
Indra + Escribano · 23,9% del total
7.611 millones. Dominan la artillería autopropulsada: 4.554 millones sobre cadenas y 2.686 sobre ruedas. Indra en solitario suma otros 5.667 millones.
Navantia · 18,3% del total
5.812 millones. Modernización de las fragatas F-100 (3.200M€) y construcción de las nuevas F-110.
Adjudicación a dedo · 88% del gasto
28.000 de los 31.793 millones se adjudicaron sin concurso público. El 88% del gasto militar de 2025 eludió la competencia.
El dato de fondo no es cuánto se gasta, sino cómo: casi nueve de cada diez euros adjudicados en 2025 no pasaron por concurso. Sea cual sea el porcentaje del PIB que se acabe fijando, ese mecanismo de reparto es independiente de la cifra.
De 19.723 a 33.123 millones: el aumento del gasto de 2024 a 2025.
España pasó de gastar 19.723 millones en defensa en 2024 (1,28% del PIB) a 33.123 millones en 2025 (2% del PIB). Un aumento de 10.471 millones en un solo año. El Gobierno lo presentó como cumplimiento del compromiso OTAN, adelantando cinco años el calendario previsto.
¿Adónde fueron esos 10.000 millones extra? El plan se dividió en seis bloques: condiciones laborales del Ejército, telecomunicaciones y ciberseguridad, nuevos instrumentos de defensa, Unidad Militar de Emergencias, misiones exteriores y ajustes de programas anteriores.
«El gasto en defensa se multiplicó por 8 en contratos adjudicados de un año a otro. ¿Estaban ya negociados y solo faltaba el dinero, o se improvisó una inversión masiva para cumplir un número?»
— La Intranoticia
Trump, Rutte y el espacio entre la firma y la realidad.
La posición de España tiene tres frentes abiertos de forma simultánea:
Trump amenaza con expulsar a España de la OTAN
En octubre de 2025 sugirió que «quizás habría que echar a España». En marzo de 2026 amenazó con cortar todo el comercio por no alcanzar el 5% y por negar las bases de Rota y Morón para atacar Irán. También propuso cerrar las bases estadounidenses en territorio español.
Rutte dice que el 2,1% es insuficiente
El secretario general de la OTAN elogió que España alcanzara el 2%, pero dejó claro que necesitará al menos un 3,5% para cumplir los objetivos de capacidades. El mensaje: lo firmado en La Haya no es retórica.
El coste político interno de subir al 5%
Alcanzar el 5% supondría 85.000 millones al año, frente a los 34.000 actuales. Según estimaciones, cada trabajador español pagaría unos 3.000 euros más al año. Un suicidio electoral para cualquier gobierno.
España queda así atrapada entre la presión externa para gastar más y la presión interna para no hacerlo. Firmar el 5% y prometer el 2,1% es, en parte, el intento de no pagar el coste de ninguna de las dos.
El mapa de intereses detrás del porcentaje.
Industria de defensa española · Gana siempre
Con el 2% ya recibió 31.793 millones en un año. Con el 5% la cifra se dispararía. Airbus, Indra y Navantia son las principales beneficiarias de cualquier aumento presupuestario, suba al porcentaje que suba.
Estados Unidos · Gana presionando
Cada país que sube su gasto es un contrato potencial para la industria militar americana. Y la amenaza de expulsión le da palanca comercial directa sobre España.
El Gobierno · Pierde siempre
Si sube al 5%, pierde votantes por recortes sociales. Si se queda en el 2,1%, pierde credibilidad internacional y se expone a represalias comerciales de EE.UU. No hay salida cómoda.
El ciudadano · Pierde siempre
O paga más impuestos para defensa, o asume el riesgo geopolítico de quedar aislado dentro de la Alianza. Nadie le preguntó cuál de los dos prefiere.
La versión que los defensores del 5% sostendrían.
Antes de cerrar conviene exponer con rigor los argumentos de quienes defienden que el aumento del gasto —incluido el salto al 5%— no solo es razonable, sino urgente. No son cuatro eslóganes de Trump: son posiciones técnicas que sostienen think tanks europeos, gobiernos del este y buena parte del establishment de seguridad de la UE.
La amenaza rusa
Desde 2022, las inteligencias alemana, británica y báltica coinciden en que Rusia podría atacar a un miembro de la OTAN en un horizonte de 5 a 10 años. Polonia ya gasta más del 4% del PIB; Estonia, Letonia y Lituania superan el 3%. Son los países con Rusia en la frontera. El 2,1% español es el lujo de estar lejos.
La autonomía estratégica europea
Macron, Borrell y el informe Draghi llevan años avisando de que Europa no puede depender de que EEUU garantice su seguridad, precisamente porque un Trump puede retirar el paraguas. Subir el gasto no es rendirse a Washington: es construir la capacidad de defenderse sin él.
Las capacidades duales
El 1,5% del acuerdo no es gasto militar puro: es ciberseguridad, infraestructura crítica, resiliencia, logística, movilidad. En Francia, Suecia o Israel, el gasto en defensa financia investigación, alta tecnología y empleo cualificado con retorno civil. No todo son tanques.
El origen del porcentaje
El 5% no lo inventó Trump: es la cifra a la que llegó EEUU en la Guerra Fría y la que Rutte defiende como mínimo para cerrar brechas de capacidades (defensa aérea integrada, munición de largo alcance, stocks estratégicos). Si se acepta el diagnóstico, el debate deja de ser moral y pasa a ser de calendario.
Nada de esto invalida los datos del artículo. El 88% adjudicado a dedo sigue siendo un problema, y la contradicción entre firmar el 5% y prometer el 2,1% también. Pero matiza el marco: el debate no es entre un Gobierno sensato y unos halcones americanos, sino entre dos diagnósticos legítimos del riesgo y dos visiones sobre cómo Europa debe pagar su propia seguridad.
No mezclar el «cómo» con el «cuánto».
Hay dos problemas distintos aquí y conviene no confundirlos. El primero es el cómo: 31.793 millones adjudicados en un año, 88% a dedo, dos empresas acaparando el 70% del total. Ese problema no depende de si el porcentaje correcto es el 2%, el 3,5% o el 5%. Es un problema de control del gasto, de transparencia en la contratación pública y de competencia. Existe igual con cualquier cifra.
El segundo es el cuánto: si el 2,1% basta para defender a España en el escenario europeo de 2035, o si hace falta acercarse al 3,5% que pide Rutte, o incluso al 5% firmado en La Haya. Esa es una discusión legítima, con argumentos sólidos en ambos lados, y no se resuelve llamando «halcones» a los que piden más ni «irresponsables» a los que piden menos.
Lo que sí es insostenible es la posición actual: firmar un compromiso vinculante por la mañana y desmentirlo en la rueda de prensa por la tarde. Eso no es prudencia estratégica ni ambigüedad calculada: es no querer pagar el coste político de ninguna de las dos opciones. Y mientras el debate público se ahoga en el porcentaje, los 28.000 millones adjudicados sin concurso del año pasado siguen sin tener dueño ni responsable.
¿Es posible tener la conversación seria sobre cuánto gastar sin haber resuelto antes la de cómo se está gastando ya?